Reformar un piso por completo es mucho más que cambiar suelos y pintar: implica tocar instalaciones, distribución y acabados a la vez. En Barcelona, donde buena parte del parque es anterior a los años setenta, casi siempre hay que empezar por renovar lo que no se ve.
El orden importa. Primero derribos y albañilería, después instalaciones, y los acabados van siempre al final. Alterar ese orden encarece la obra.
En cuanto al precio, en Barcelona una reforma integral se mueve en una horquilla amplia según web calidades y estado de partida. Lo que casi nunca falla es aceptar un presupuesto sin partidas desglosadas: si no hay metros y unidades, no se está comparando lo mismo.
Antes de empezar conviene revisar licencias y permisos, el calendario con hitos, quién gestiona los residuos y si la comunidad exige algo.